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Complejidad

El mundo sobre el papel El mundo sobre el papel El mundo sobre el papel

Generalidades: "El pensar complejo"

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Preliminares
Cualquier cosa que vemos. Lo que oímos incluso. Es mucho más de lo que creemos. Pues nuestros sentidos nos engañan toda la vida. De esta afirmación ningún ser humano se ha podido escapar. De ahí la búsqueda constante de algo seguro que nos de certeza al menos de algo, el mundo, lo que somos o podría ser, eso que los demás creen y que tú intentas comunicar sin que los otros te puedan comprender. Esto es para mí la complejidad.

  • ¿Por qué cuando estamos con las cosas, después nos damos cuenta que no eran simples?
  • ¿Cómo hay que entender la complejidad del mundo que nos toca vivir?
  • Aunque sabemos que el mundo es complejo‚ ¿por qué vivimos como si fuera simple?.
  • ¿Por qué negamos la complejidad que nos toca vivir?

  • Estamos llamados a salir de la "minoría de edad", por eso conviene formular la pregunta que va a guiar todo el resto de nuestra vida. Esta capacidad de hacer la pregunta es lo que nos va a permitir ingresar a la lógica de la complejidad, en donde lo imposible es posible, lo infinito deviene fáctico.
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    Sobre la complejidad

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    Consideramos en este artículo algunas cuestiones y conceptos del Profesor Edgar Morín sobre la complejidad.

    Cuando decimos: –esto es muy complejo, o simplemente: –es complejo; con la palabra “complejo” no estamos dando una explicación sino que señalamos una dificultad para explicar. Con esto designamos algo que, no pudiendo realmente explicarlo, podemos llamarlo “complejo”. Por eso es que, si existe un modo de pensar complejo, este no será un pensamiento capaz de penetrar todas las cosas (como intentan hacer las ideologías) sino un pensamiento donde va estar siempre presente la dificultad.

    Nuestro modo natural de ver las cosas nos conduce a valorar lo recto, es decir, quisiéramos evitar lo “oblicuo”, o lo que es igual, la “complejidad”. En efecto, nos gustaría tener siempre ideas claras y distintas, leyes simples, formulas simples, definiciones simplistas, para comprender y explicar lo real, todo lo que ocurre y nos ocurre, lo que vivimos y nos toca vivir, el mundo y nosotros mismos. Sin embargo, no cabe duda que la simplicidad de estas fórmulas simples y esas leyes simples son cada vez más insuficientes, puesto que estamos confrontando el desafío de la complejidad. Un desafío al que hay que responder, primero, tratando de señalar qué significa “complejidad”, y segundo, qué actitud tomar frente a lo “oblicuo”. Con estos planteamientos ya estamos en un problema: ¿existe una complejidad o son complejidades?

    Podemos decir que hay complejidades donde se observa enmarañamientos de acciones, de interacciones, de retroacciones, como la célula viva. Y ese enmarañamiento es tal que ni siquiera una computadora puede captar todos los procesos en curso. Pero hay también otra complejidad que proviene de la presencia ininterrumpida de fenómenos aleatorios, esto es, sin importancia, que no se pueden determinar con anticipación y que, prácticamente, agregan incertidumbre a nuestro modo de pensar. Según esto, y en lo que concierne a la complejidad, podemos decir que hay un polo práctico y un polo lógico en donde la complejidad aparecería. Complejidad que emerge cuando se presentan simultáneamente las dificultades prácticas y las dificultades lógicas. En lo que respecta a las dificultades prácticas podemos mencionar “el efecto mariposa”, donde el aleteo de una mariposa en Tokio provoca, por una serie de causa y efectos en cadena, un tornado en el Brasil. Esta última complejidad tiene que ver con lo que Blas Pascal escribió: «Todas las cosas son ayudadas y ayudantes, todas las cosas están ligadas entre sí por un lazo que conecta que conecta unas a otras, aun las más alejadas. En esas condiciones, considero imposible conocer las partes si no conozco el todo, pero considero imposible conocer el todo si no conozco las partes». Esta es la primera complejidad, dice Edgar Morín: «nada está realmente aislado en el universo y todo está en relación».

    La complejidad mencionada se encuentra en la biología, la física, la psicología, la economía, pero también, de un modo diferente en el mundo de la política ya que estamos viviendo la era planetaria y todo lo que ocurre en un punto de nuestro planeta repercute en otros puntos del globo.

    El todo está en la parte

    ¿Cómo es eso? Veamos algunos ejemplos: cada célula de nuestro cuerpo es una parte que está en el todo de nuestro organismo, pero cada célula contiene la totalidad del patrimonio genético del conjunto del cuerpo, lo que significa que el todo está también en la parte. Cada individuo es una sociedad, es una parte de un todo, que es la sociedad, pero esta se interpone, desde el nacimiento del individuo, con su lenguaje, sus normas, sus prohibiciones, su cultura, su saber; otra vez, el todo está en la parte. En efecto, todo está en todo y recíprocamente.

    Nosotros mismos, desde el punto de vista cósmico, somos una parte en el todo cósmico. Las partículas que nacieron en los primeros instantes del universo se encuentran en nuestros átomos. El átomo de carbono necesario para nuestra vida se ha formado a partir de un Sol anterior al nuestro. Es decir, la totalidad de la historia del cosmos está en nosotros, que somos, no obstante, una parte ínfima, infinita, perdida en el cosmos. Y sin embargo, somos singulares, ya que el principio: “el todo está en la parte” no significa que la parte sea un reflejo puro y simple del todo. Cada parte conserva su singularidad y su individualidad pero, de algún modo, contiene el todo.

    En conclusión, debemos aprender a vivir con la incertidumbre y no, como nos han querido enseñar desde la escuela, a hacer cualquier cosa para evitar la incertidumbre. Por supuesto, que es conveniente alguna certeza, pero si es una falsa certeza es muy malo. Dado que el problema verdadero sigue consistiendo en privilegiar la estrategia y no el programa.

    El pensamiento es el arte de navegar entre confusión y abstracción, el arte de distinguir sin aislar, es decir, hacer que se comunique lo que está distinguido. La distinción requiere la conexión, que requiere a su vez la distinción, etc. No están jerarquizadas la una a la otra... En este sentido los procedimientos de la simplificación forman parte del pensamiento complejo, tanto como éste segrega los antídotos contra la simplificación... Lo importante es saber permanentemente, acordarse de que simplificamos por razones prácticas, heurísticas y no para extraer la quintaesencia de la realidad». (Morin, Edgar. Ciencia con conciencia, Editorial: Anthropos, 1984. pág. 305).

    En síntesis, entre el juego de posibles que nos ofrece ese mundo de lo oblicuo y la inercia de la imagen lineal de nuestro deseo interior, podemos asumir la responsabilidad de trabajar en la creación de un pensamiento complejo, de un espacio intersticial, de circulación de niveles por donde transite la comunicación entre nuestro exterior y nuestro interior.

    Gustavo Ricardo Rodríguez
    Licenciado en Filosofía
    Facultad de Historia y Letras - USAL

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